En las estanterías de madera del escritorio, ordenadas con suma prolijidad, hay cerca de 30 copas, plaquetas y bandejas de oro y plata. Son los trofeos que el propietario del chalet “Los Felinos” ha acumulado desde el año 1993.
De interés turístico, el jardín recibe por año mil visitantes de todo el país
Pero no son las vitrinas ni el interior de la casa, sino su magnífico jardín -que a fin de cuentas es la razón de tantos premios- lo que impone una visita a este hogar situado en la calle Los Tilos, muy cerca del campo de golf del Cantegril.
La Intendencia de Maldonado lo ha declarado “de interés turístico” y a cambio de una rebaja en la contribución inmobiliaria, obliga al dueño del chalet a recibir excursiones para visitar y recorrer el parque, de 2 hectáreas de extensión. Un promedio de mil personas por año viene expresamente a Punta del Este para visitar “Los Felinos”, su colección de rosales y su flora nativa.
Una portera automática con listones de madera y herrajes con forma de gatos se abre para acceder al camino de tierra que desemboca frente a la fachada de la casa. Por allá se ve a un jardinero cuidando un rosal florecido y se escucha más cerca el ladrido de un perro que viene (¿en son de paz?) ladrando hacia el auto.
-¡Rambo, venga acá!… Tranquilos, no hace nada, apacigua el jardinero.
El dueño de casa, que ha oído el ladrido del perro, aparece en la puerta principal. Lleva un sombrero Panamá con cinta negra, gafas de sol, una camisa rosada y pantalones de lino. Enseguida de las presentaciones viene la advertencia:
-Ustedes pueden tomar todas las fotos que quieran, pero sólo del jardín. Yo no quiero salir en las fotos ni que aparezca mi nombre. Este -dice señalando al jardinero- es el responsable de lo que ven ustedes alrededor. Es Fredy Peralta, el mejor jardinero del mundo.
La advertencia presentó una dificultad porque en el curso de la conversación que siguió habían de surgir comentarios personales y declaraciones que no podían atribuirse al “dueño de casa”, así a secas. Admitió entonces que lo describiéramos como “un ingeniero”. ¿Uruguayo? “No, yo soy argentino, argentino e italiano”.
-¿Prefiere aparecer como “argentino” o “italiano”?
-Bueno, póngame “italiano”. Y las declaraciones, si lo desea, puede atribuírselas a Fredy Peralta, que es como de la familia.
Este prefacio, que nada tiene que ver con jardines, es necesario para que el lector no se sorprenda cuando vea que ciertas improbabilidades (los viajes a Europa o las expresiones francesas que salpican la charla) son atribuidas aquí, por causas de fuerza mayor, al jardinero Fredy Peralta.
“Hay una vocación detrás de esto, desde luego”, explica Fredy Peralta. “Yo veraneaba en Punta del Este desde los 12 años, después me compré un apartamento frente a la playa Brava; pero cuando la Península comenzó a transformarse en lo que es hoy, y de esto hace ya 18 años, se acabó la tranquilidad y decidí cambiar. Quería comprar un terreno lo más arbolado posible, grande, protegido, para desarrollar mi vocación por la jardinería. Encontré esto, que era todo bosque, con coronillas y otras especies autóctonas. Tuve que hacer una casa, que no existía, y después me aboqué a desarrollar el parque, que tiene dos hectáreas de extensión”.
Mientras conversa, el anfitrión presta atención a una pérgola poblada de rosas.
“¿Ve esa pérgola? En octubre, cuando se da la primera floración, estaba aún más poblada, las rosas prácticamente cubrían todo. Saqué una foto que debo tener por ahí”.
-¿Les saca fotos a las flores?
-Cuando están en su apogeo.
-¿Cómo comenzó a desarrollar este jardín?
-Yo tenía tres objetivos: primero, preservar lo más posible la flora nativa que había encontrado aquí. Hoy, casi la mitad del terreno sigue siendo el bosque original. Hay robles, coronillas, acacias, sombra de toro, tempetarí…. No me gustan las plantas exóticas. Si usted va a un chalet en los que abundan las plantas exóticas, como hay tantos por aquí, no va a escuchar cantar a los pájaros. ¿Sabe por qué? Porque los pájaros anidan en los árboles autóctonos. ¿No escucha aquí cómo cantan los pájaros? ¡Es una belleza el canto al amanecer! Los pájaros se encargan de reproducir la flora. Aquí no necesitamos comprar árboles, se multiplican de forma natural.
-Hablábamos de tres objetivos, y me contó el primero.
-Ahí vamos. El segundo objetivo era hacer una huerta, que fue creciendo. Empezamos con 200 metros cuadrados y ahora tenemos 800. Hay todo lo que se podría encontrar en un supermercado, pero mucho más sabroso. En esta casa comemos de nuestra propia huerta y tenemos también árboles frutales. Tengo incluso una palta americana, Al principio no daba frutos. Un día vino un mexicano a casa y me dijo que tenía que clavarle tres clavos de hierro en el tronco. Yo dije: `este mexicano está medio loco`, pero como pasaba el tiempo y seguía sin dar frutos le comenté a Fredy: `Vamos a clavar esos clavos, no tenemos nada que perder`. ¡Y este año comenzó a dar paltas como loco!
El tercer objetivo (hay que ir al grano porque el dueño de casa se entusiasma hablando de la huerta) era crear el jardín.
“Pero quería dedicarme a un tema específico, y en las rosas encontré el leit motiv que buscaba. No me gustan los jardines con mucha variedad de flores. Arranqué con 10 o 12 rosales que fui a comprar a Francia, a la tienda de Meilland-Richardier, creador de algunas de las rosas más célebres como la Pierre de Ronsard o la Princesa de Mónaco. Las planté aquí y luego, con Fredy, comenzamos a multiplicarlas con gajos e injertos, experimentamos con colores y creamos un árbol-rosal, como los que ve por ahí. Se planta un tronco y se injerta encima la rosa. Cuando se desarrollan se forma una especie de árbol con una copa de flores”.
“Ahora tenemos aquí 1.500 rosales, de todos los colores: hay rosas rojas, amarillas, rosadas, naranjas, blancas, borgoñas. Varios de los trofeos que ha visto los gané por las rosas”.
No todos los experimentos en “Los Felinos” tuvieron éxito.
“Quisimos crear una rosa negra, pero nunca pudimos. Siempre se nos seca.
¿Cuánto cuesta crear y mantener un jardín así?
“El cuidado del jardín insume todo el día, y aquí trabajamos sólo dos personas: Fredy y yo. Otros contratan especialistas, se sientan a pensar, traen paisajistas. Yo vengo todo el año y trabajo a la par de Fredy. Aquí se riega después de las 11 de la noche, para ahorrar electricidad. ¡Tenemos pozo, desde luego! Si no tuviéramos, habría que vender la finca para pagar el agua. Fíjese que se consumen 12.000 litros de agua por hora, 60.000 litros por día. Conozco algunos jardines que los riegan con agua de OSE y los dueños pagan facturas mensuales de 2.000 dólares, sólo por el riego”.
Después de hacer una excursión por el jardín, la huerta y el bosque nativo, con el anfitrión deteniéndose ante cada árbol para mostrar alguna peculiaridad en el tronco o en las hojas, el dueño de casa y su fiel jardinero se despiden del periodista y el fotógrafo con cierto pesar. Los rostros de “Fredy Peralta” (el auténtico y el apócrifo) traslucen un no sé qué, como si les costara desprenderse de dos oyentes tan aplicados.
Fuente: Diario El País | J. L. Aguiar



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